5 ene. 2014

Queridos Reyes Magos


Les escribo esta carta con el lápiz favorito de uno de mis hijos, en el dorso de un recibo, sentada entre la lavadora y la secadora, esperando que acabe un ciclo de secado, consciente de que se me ha echado el tiempo encima y aún no les había escrito. 

 He sido una buena madre durante todo el año. He alimentado, aseado y cuidado a mis hijos todos los días. He visitado al pediatra muchas más veces de lo que he visitado a mi propio médico aún encontrándome mal. Llevo a mis hijos al cole, a las actividades extraescolares, les ayudo con los deberes, a preparar los exámenes, juego con ellos, les llevo al parque con sus amigos, a montar en bicicleta, les preparo la ropa, sus mochilas, el almuerzo para el recreo… además de cumplir con mis obligaciones laborales. 

Recojo y ordeno su habitación, que queda como una leonera tras pasar ellos allí un ratito; es increíble cómo se mueven los juguetes solos de un lado a otro porque resulta que ¡ninguno de ellos los ha usado! 

En fin, me esfuerzo en hacer que su vida sea lo más feliz posible, sin problemas ni preocupaciones. 

Pensaba que quizás, visto que no les he pedido nunca nada, este año podrían traerme algunas cositas: 

- Me gustaría tener unos brazos que no dolieran y fueran lo suficientemente fuertes como para apartar a mi hijo del estante de las golosinas, mientras tiene una rabieta en medio del supermercado y yo intento mantener la calma. 

 - También me gustaría no estar siempre cansada y tener un rinconcito secreto donde poder esconderme para hablar tranquila por teléfono y unos minutos al día para hablar con mi marido sin interrupciones infantiles. 

- En el aspecto práctico, quisiera una muñeca que hable y diga, “Sí, mamá” para ayudarme en mi autoestima como madre, así como dos niños que no peleen y sean capaces de hablarse sin gritar. 

- También me gustaría una voz nueva, ya que mi voz parece estar fuera del alcance auditivo de mis hijos, pues, por mucho que me esfuerce, no parece que me escuchen ante la más mínima orden. Sería maravilloso si consiguiera que mis hijos hicieran algo por voluntad propia, sin necesidad de pedir un premio a cambio. 

Si fuera tarde para encontrar todo esto, quisiera al menos el tiempo suficiente para mí: para cepillarme los dientes, para ducharme tranquilamente, para maquillarme sin tener a un niño en brazos o para ir de shopping sin tener que mirar el reloj. 

Tiempo para tener el lujo de sentarme y comer la comida caliente, y no fría o poder ir a un restaurante sin comer a la velocidad del rayo solo porque los niños empiezan a impacientarse.
 Me gustaría experimentar qué se siente durmiendo una noche entera del tirón, sin interrupciones de ninguna clase. 

Bueno, queridos Reyes, la alarma de la secadora me indica que ha terminado su ciclo y mi hijo se ha dado cuenta que estoy aquí encerrada. Creo que quiere que le devuelva su lápiz. Que tengan un buen viaje y recuerden no hacer mucho ruido cuando dejen los presentes. 

Muchas gracias, 

 MAMÁ 

P.D.: Se me olvidaba: si creen que lo que pido va a ser imposible de conseguir, pueden anularlo todo y cambiarlo por estos otros deseos: que mis hijos crezcan felices, sanos y se conviertan en personas de bien.


(carta escrita por Carmen aquí (aunque yo he modificado algunas frases) , propietaria del blog Cuentos y Sartenes; seguro que muchas mamis, además de mi, nos sentimos muy identificadas)



¡¡¡Feliz Noche a todos!!!
 No hay nada mejor en esta noche que ver los ojos de nuestros hijos llenos de ilusión, emoción e inocencia, ¿verdad? :))



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